Aunque las exportaciones siguen firmes, crece la preocupación por el freno en la producción y hay señales de enfriamiento en el agro.

La suba de tasas, el encarecimiento del financiamiento y la pérdida de impulso en la industria agroindustrial marcan un cambio de tendencia. Aunque las exportaciones siguen firmes, crece la preocupación por el freno en la producción y hay señales de enfriamiento en el agro.
El último relevamiento que hizo Coninagro, entidad que preside Lucas Magnano, sobre la actividad muestra que algunos rubros mantienen resultados positivos. Pero casi la mitad de los indicadores monitoreados se encuentran en terreno negativo. Una señal que enciende luces de alerta sobre la evolución del principal motor económico del país.
La estabilidad que se observó en los primeros meses del año parece ceder ante factores financieros y estructurales que condicionan el desempeño general. El encarecimiento del crédito tras la suba de tasas de interés en agosto afectó la capacidad de financiamiento de productores y pymes agroindustriales. Con impacto directo sobre la producción, las ventas y la inversión.
El informe revela que nueve de los diecinueve indicadores relevados muestran resultados negativos. Y que once variables cayeron respecto de julio, cuando solo cuatro registraban retrocesos. Los descensos más notorios se dieron en la producción de biodiésel y maquinaria agrícola, dos sectores que suelen anticipar los cambios de ciclo en la economía agroindustrial.

Un punto de inflexión en la dinámica productiva
El enfriamiento no implica aún una contracción generalizada, pero sí una pérdida de dinamismo. Según el informe, los rubros con variaciones negativas incluyen la producción de alimentos y bebidas, maquinaria agrícola, biodiésel, molienda de trigo, carne aviar. También ventas de frutas y verduras y la producción esperada de soja. En conjunto, estos sectores explican buena parte del entramado productivo y del empleo agroindustrial.
“Es un cambio de clima. La producción sigue siendo elevada, pero ya no crece con la fuerza de los meses previos”, señalaron fuentes del sector a Mundo Gremial. De hecho, el documento advierte que el próximo relevamiento podría mostrar un escenario “menos favorable” si no se revierten las condiciones financieras actuales.
Uno de los indicadores más reveladores del reacomodamiento del agro está en la nueva campaña 2025/26, que muestra un ajuste estructural en la superficie sembrada. De acuerdo con las proyecciones de la Bolsa de Cereales, el área total destinada a los seis principales cultivos (trigo, cebada, girasol, maíz, soja y sorgo) alcanzará 37,8 millones de hectáreas. Se trata del tercer mayor registro histórico. Sin embargo, la composición de ese total refleja un cambio profundo.
Por su parte, el maíz sigue ganando protagonismo, con 9,7 millones de hectáreas proyectadas y una producción potencial de 58 millones de toneladas, 17% más que el ciclo anterior. En contrapartida, la soja retrocede un 7% interanual en superficie, con una cosecha esperada de 48,5 millones de toneladas, 3% menos que en 2024/25.
Mientras que el trigo, con 6,9 millones de hectáreas, mantendría una producción cercana a 22 millones de toneladas, uno de los niveles más altos de los últimos 25 años. El mensaje detrás de estas cifras es claro. Los productores están buscando alternativas más rentables y menos dependientes del financiamiento. Pero la rotación de cultivos no alcanza para compensar la desaceleración general.

Lechería y yerba mate, entre las pocas excepciones
En un contexto de desaceleración y enfriamiento, algunos sectores mantienen un desempeño destacable. La producción de leche alcanzó en agosto 1.090 millones de litros, el máximo histórico para ese mes, con un crecimiento interanual del 18%. En el acumulado de enero a agosto, la mejora llega al 12%.
Por su parte, la yerba mate encadena 17 meses consecutivos de crecimiento interanual. Aunque en agosto mostró la primera variación mensual negativa, una señal de que la fase expansiva podría estar llegando a su techo.
Estos dos casos, lechería y yerba, son la excepción en un tablero donde predominan los signos de ralentización. “La base comparativa elevada y la pérdida de poder adquisitivo interno ya empiezan a moderar las tasas de crecimiento”, destacó el informe.
Por su lado, el rubro carnes también refleja la pérdida de impulso. La producción de carne bovina cayó a 270.800 toneladas, 20.000 menos que en julio y 10.000 por debajo del mismo mes del año pasado. Aunque las exportaciones de carne vacuna alcanzaron 84.400 toneladas, el nivel más alto desde septiembre de 2024, el mercado interno muestra señales de debilidad.
Mientras que la carne porcina resiste mejor el contexto, con una suba del 2,5% interanual. Y la carne aviar acumula dos meses consecutivos de caídas, con un retroceso del 9% respecto del promedio de junio. La baja en el poder de compra de los consumidores y el aumento de los costos energéticos impactan directamente en la demanda y en los márgenes del sector.

La industria alimentaria, con la mirada en el freno del consumo
Otro dato que confirma la tendencia de enfriamiento es la caída de la producción de alimentos y bebidas, que retrocedió 2% interanual y encadena dos meses en baja. Aun con un nivel de actividad 5% por encima del promedio de 2025, el sector muestra preocupación por la pérdida de ritmo.
La molienda de trigo se redujo un 6,4% interanual. Mientras que la producción de maquinaria agrícola cayó 12% en términos interanuales y 14% frente a julio, el valor más bajo en seis meses. “La compra de maquinaria es el termómetro de la confianza productiva. Cuando se frena, el resto de la cadena siente el impacto”, advirtieron desde el sector.
Los biocombustibles exhibieron un comportamiento desigual. El bioetanol creció 12% interanual, alcanzando su mejor registro en 29 meses, pero el biodiésel retrocedió 11%, tanto respecto de julio como en la comparación interanual.
El sector de aceites fue uno de los pocos que mostró una recuperación sólida, con un aumento del 24% interanual. Concentrado en la provincia de Santa Fe que aportó más de 760.000 toneladas.

Exportaciones firmes, pero alerta por el frente interno
En contraste con la desaceleración productiva, las exportaciones agroindustriales mantuvieron una dinámica positiva. En agosto alcanzaron US$ 4.800 millones, US$ 929 millones más que en el mismo mes del año pasado, por granos, aceites y subproductos. Además, la eliminación transitoria de los derechos de exportación (DEX) de setiembre podría sostener este impulso en el corto plazo.
Sin embargo, los analistas advierten que el fuerte contraste entre el dinamismo exportador y la debilidad productiva interna no puede sostenerse indefinidamente. “Si la inversión y el financiamiento no acompañan, el crecimiento exportador terminará encontrando un límite”, anticiparon.
Las importaciones de fertilizantes crecieron 20% interanual, reforzando la expansión del área de maíz. Sin embargo, la comparación mensual mostró una caída de dos dígitos, típica de la estacionalidad. Pero que también podría reflejar prudencia en las decisiones de compra ante la incertidumbre macroeconómica.
La lectura final del informe es clara: el agro no está en crisis, pero sí pierde velocidad. La producción se sostiene, pero con señales crecientes de enfriamiento que podrían profundizarse si no se revierten las condiciones de crédito y costos.
El campo argentino sigue siendo el gran sostén de las exportaciones y de la generación de divisas. Pero enfrenta una coyuntura que combina tasas altas, presión impositiva y menores márgenes. En este contexto, la palabra que define el presente es prudencia. Los productores continúan invirtiendo y sembrando, pero lo hacen con cautela, a la espera de un horizonte más estable.




