Un emprendimiento, con presencia productiva en San Luis, aplica inteligencia artificial para integrar datos y mejorar la toma de decisiones en ganadería, agricultura y procesos empresariales.
PLANTEO. Al frente de de Grupo Tigonbu, con base en Río Cuarto, Gastón González maneja 30 mil hectáreas en San Luis.
La inteligencia artificial (IA) es una de las herramientas tecnológicas más disruptivas que ya están impactando en la gestión de las empresas. Cada día se ven más procesos automatizados gracias a este desarrollo y, como si fuera poco, ya se utiliza para que se «haga cargo» del día a día de las operaciones.
Una empresa agroindustrial cordobesa, ubicada en Río Cuarto y con incidencia productiva en San Luis, desarrolló su propia inteligencia artificial (IA), la cual se transformó en su “cerebro digital”.
Procesamiento de datos, actualizaciones en tiempo real del estado de los animales, funcionamiento y alimentación de los motores de la planta de bioenergía, son parte de las tareas que realiza a diario con el objetivo de ayudar a la toma de decisiones.
Gastón González, productor agropecuario y dueño del Grupo Tigonbu, y Álvaro Aguilar, ingeniero en telecomunicaciones y cofundador de MavinIA, crearon una IA capaz de darles a las empresas agroindustriales una herramienta que cambia la perspectiva sobre cómo trabajar.
AyronOne: la IA del agro
La creación de AyronOne nace de la idea de Gastón González: “Viendo Iron Man, una noche con mi hijo, vi la supercomputadora que tenía (Jarvis) y dije: «Yo necesito esto para mi empresa». Y ahí empezó el proceso de crear un sistema con el que todos los datos sean analizados por Ayron”, comentó el empresario.
“Antes tenía que esperar los informes y, cuando me llegaban, ya habían pasado tres o cuatro días. Hoy la información se actualiza cada tres segundos”, explica González para describir el cambio que generó la inclusión de la IA en su empresa.
Con una inversión cercana a los U$S 300 mil, Ayron se hizo cargo de todos los aspectos de la empresa. “Es increíble todo lo que cambió cuando empezamos a usar Ayron, ya no hay errores, los análisis los realiza él con los datos que va juntando; y si hay alguna falla humana, también te lo dice en el informe”, sostiene González.

Para tener una dimensión sobre la “responsabilidad” que se entregó a la IA en el Grupo Tigonbu, los números hablan por sí solos.
“Actualmente, contamos con 30 mil hectáreas trabajadas. Un feedlot de cinco mil animales, próximo a duplicarse, y para la planta de biogás tenemos tres motores, dos de estos están funcionando todo el tiempo; por ende, hay que juntar desechos para alimentarlos”, precisó el productor.
El orden dentro del negocio
Ayron reúne datos de diferentes áreas, los procesa automáticamente y los presenta en un entorno digital, accesible en tiempo real. Este flujo continuo de información permite tener una visión global del negocio en todo momento.
El cambio no es menor. Implica pasar de un modelo basado en reportes diferidos proporcionados por el ingeniero agrónomo a uno en el que la información está disponible a cualquier hora del día.
Álvaro Aguilar agrega aspectos del trabajo de la IA: “En lugar de analizar lo que ya ocurrió, el productor o empresario puede actuar sobre lo que está pasando. Antes, durante la noche, nadie trabajaba y no tenías forma de saber qué pasaba; ahora tenemos control de lo que sucede todo el tiempo”.
En un momento en el que los costos son elevados y los márgenes ajustados, esa diferencia de tiempo puede tener un impacto directo en los resultados.

La IA en los procesos productivos
Según afirma el productor, Ayron se encuentra en todos los procesos del Grupo Tigombu (productivos, comerciales y técnicas), y las importantes –a su juicio– pertenecen al área de producción, que se divide en: ganadería, feedlot y biogás.
En cuanto a la agricultura, Aguilar adelanta que en la empresa están en proceso de crear un «índice verde» dentro de la IA.
¿Cómo funcionará? «Se trabaja a partir de imágenes satelitales, el productor va a recibir fotos de los lotes y, con ellas, podrá observar qué zonas están afectadas. Esto le ahorra muchísimo tiempo al ingeniero que tiene que estar revisando lote por lote», precisa.
En el feedlot, González detalla cuál es la utilidad que presta la herramienta. “Nosotros tenemos todos los animales con caravana electrónica. Tenemos un sistema de balanzas Hook, donde prescribimos las dietas. Entonces, la pala y el mixer saben cuántos kilos tienen que cargar por cada lote, y se reparte según esa prescripción. A cada lote se le da de comer lo que corresponde, según la dieta y el estado del animal».La inteligencia artificial revoluciona la ganadería: collares virtuales, robótica y análisis de carne por celularPorRedacción La Voz
Control y seguimiento individual. «Como cada animal tiene su caravana electrónica, se puede hacer un cruce de información. Esto permite saber cuánto se le dio de comer a cada uno, cuánto comió efectivamente cada animal y permite sacar cálculos precisos y proyecciones de cuándo estarán listos (gordos), de acuerdo con lo que van pesando», agrega el productor.
Agrega que están probando una nueva manera de controlar al animal. «Mediante Ayron y seis cámaras en puntos estratégicos, detecta al animal con todas las medidas que tenga y la IA lanza un informe con un peso estimado, chequea el comportamiento de alimentación del animal y determina el estado corporal, evitando ineficiencias en el alimentado de la vaca».
Como parte de su modelo de economía circular, Tigombu cuenta con tres motores que alimentan la planta industrial. «En el administrador de Ayron, tenemos toda la información para mantener los motores en óptimas condiciones. Podemos observar la cantidad de gas que está pasando por los tubos, así como la presión y la temperatura».
«El problema que teníamos en la empresa era que el ingeniero químico que trabaja con nosotros nos pasaba la cantidad de desechos y qué tipos de materiales había que meter a la tolva, el problema aparecía a la hora de cargar esos materiales. Los operarios hacían lo que querían, ahora con Ayron tenemos controlado todo el tiempo de qué se alimenta la tolva y los motores de biogás”, cierra Aguilar.

La adaptabilidad: clave del momento
La incorporación de inteligencia artificial no implicó una reducción de personal, sino un proceso de transformación interna. Según explicó González, el foco estuvo puesto en capacitar al equipo para que pudiese adaptarse a esta nueva herramienta y aprovechar su potencial.Complementa pero no reemplaza el trabajo profesionalPorRedacción La Voz
“No despedimos gente. Al contrario, capacitamos a todo el equipo para que pueda usarla. Pero también es cierto que quien no se adapta a los cambios, no puede continuar. Es como cuando apareció el celular: todos tuvimos que aprender a usarlo. Esto es lo mismo”, sostuvo.
Este punto refleja uno de los principales desafíos de la digitalización en el agro: no se trata solamente de incorporar tecnología, sino también de cambiar la forma de trabajar. La adopción de inteligencia artificial exige nuevas habilidades y una mayor capacidad de adaptación por parte de los equipos.
Del dato a la decisión: el verdadero salto
El principal aporte de la inteligencia artificial no está en la generación de datos; la verdadera ayuda llega cuando los transforma en decisiones concretas.
El sistema organiza la información y la presenta de manera clara y accesible, permitiendo identificar tendencias, problemas y oportunidades en tiempo real.
Esto acorta los tiempos de reacción y mejora la calidad de las decisiones, dos factores clave en un negocio en el que cada movimiento impacta en los resultados.
En lugar de depender exclusivamente de la experiencia o de información parcial, el productor puede apoyarse en una base de datos sólida y actualizada, lo que le permite actuar con mayor precisión.

La expansión de la IA
Si bien este tipo de desarrollos se utiliza en empresas de mayor escala, la tendencia es clara. La inteligencia artificial comienza a consolidarse como una herramienta de gestión dentro del agro y su adopción en todos los niveles de productores podría ampliarse en los próximos años.
“En la actualidad, ofrecemos una parte de AyronOne para aquellos pequeños productores que necesiten su ayuda: se llama Ayrondata y funciona como un pequeño asistente, a través del cual el ingeniero puede cargar la información recolectada y que la IA procese y ayude a tomar decisiones para el bien de la producción, por un precio base de U$S 50”, comentó Aguilar.
A medida que se simplifique su uso y se reduzcan los costos de implementación, estas soluciones podrían llegar a un mayor número de productores. Algo similar ocurrió en su momento con otras tecnologías, que comenzaron en grandes empresas y luego se expandieron al resto del sector.
El productor deja de depender únicamente de la experiencia o de información fragmentada y pasa a contar con una visión integral y en tiempo real de su operación.
En este sentido, la digitalización del agro es un proceso en marcha que empieza a cambiar la lógica del negocio y el desafío, ahora será producir más con mejores decisiones, con menores gastos y un ambiente más competitivo.




