Con menor inversión que otros cultivos y fuerte demanda global, el pistacho emerge como una oportunidad para ampliar las exportaciones y generar nuevas áreas productivas.

La agroexportación peruana cerró 2025 con un nuevo récord de US$ 14.557 millones exportados, impulsada por 540 productos enviados a 115 mercados internacionales. Sin embargo, mientras el sector busca ampliar su oferta y reducir la dependencia de un pequeño grupo de cultivos, especialistas y referentes de la industria señalan al pistacho como una de las alternativas con mayor potencial para generar divisas, atraer inversiones y expandir la frontera agrícola del país.
Actualmente, los arándanos, las uvas, el café, el cacao y la palta concentran el grueso de los ingresos agroexportadores. Estos cinco productos representaron US$ 9.140 millones, equivalentes al 62,8% del valor total exportado durante el último año. Aunque la canasta exportadora peruana es una de las más diversificadas de América Latina, la búsqueda de nuevos cultivos capaces de replicar historias de éxito sigue siendo una prioridad para empresas, productores y organismos vinculados al sector.
Un cultivo con demanda global y menor costo de implantación
En los últimos años, distintas iniciativas privadas y programas de investigación han evaluado el comportamiento de nuevos berries, entre ellos la cereza y la frambuesa. Sin embargo, el interés también se ha trasladado hacia los frutos secos, donde el pistacho aparece como una alternativa con perspectivas especialmente atractivas.
El exministro de la Producción, Alfonso Velásquez Tuesta, reconocido por haber impulsado el desarrollo del arándano en Perú, considera que este fruto podría convertirse en la próxima gran incorporación al mapa agroexportador nacional.
Según explicó, la instalación de una hectárea de pistacho requiere una inversión cercana a los US$ 15.000, una cifra significativamente inferior a la de otros cultivos permanentes. En comparación, establecer una hectárea de palta demanda alrededor de US$ 50.000, mientras que ambos presentan tiempos de desarrollo similares antes de alcanzar su etapa productiva.

A ello se suma una demanda internacional sostenida, impulsada por el crecimiento del consumo de snacks saludables, productos premium y alimentos con alto valor nutricional.
La oportunidad de incorporar miles de hectáreas productivas
Uno de los factores que más entusiasma a los especialistas es la posibilidad de aprovechar terrenos que hoy permanecen sin explotación agrícola intensiva.
Velásquez sostiene que el pistacho podría adaptarse a zonas áridas y semiáridas, permitiendo incorporar nuevas superficies a la actividad productiva y generando oportunidades económicas en regiones que actualmente cuentan con limitadas alternativas agrícolas.
Además del negocio asociado a la producción primaria, el desarrollo de una cadena vinculada al procesamiento, empaque y comercialización abriría espacio para nuevas inversiones industriales y la creación de empleo.

La experiencia internacional respalda ese optimismo. Países como Estados Unidos, Irán, Turquía y España han consolidado industrias altamente rentables alrededor del pistacho, abasteciendo una demanda que continúa creciendo en mercados de Europa, Asia y América del Norte.
No obstante, el exfuncionario remarcó que cualquier estrategia de expansión debe incluir a la agricultura familiar. Para ello, señaló que los proyectos deberán contemplar mecanismos que permitan la participación de pequeños productores organizados, facilitando el acceso a tecnología, financiamiento y asistencia técnica.
Con exportaciones agrícolas que continúan marcando máximos históricos, Perú enfrenta el desafío de identificar los cultivos que impulsarán la próxima etapa de crecimiento. En esa búsqueda, el pistacho aparece como una opción que combina rentabilidad, demanda internacional y posibilidades de expansión territorial, atributos que podrían convertirlo en uno de los negocios agrícolas más observados de los próximos años.




